martes, 31 de julio de 2018

En las entrañas del Museo de Arqueología de Navarra. Primera parte.

De vez en cuando una modificación urbanística, unas obras en una parcela particular, un tramo nuevo de autovía, un agricultor labrando un campo, un senderista curioso, un espeleólogo con la mirada precisa... sacan a la luz restos enterrados de nuestro pasado.

Puede ser el miliario de una calzada romana, un trozo de un cuenco que alguien utilizó para comer cuando la Humanidad empezaba a asentarse, a cultivar la tierra y pastorear. Puede ser un megalito con incisiones, una piedra de sílex tallada en forma de punta de flecha, la hebilla de un cinturón, un capitel o un trozo de estatua de un senador romano. Restos de útiles, de semillas, de pinturas, de grabados o de huesos humanos.

Unas veces se habrán conservado milagrosamente bien, otras se desharán ante la mirada impotente de los arqueólogos en cuanto entren en contacto con el oxígeno... Ya se trate de una viga de madera de cuatro metros o de una humilde cuchara, de una aguja de coser o de la espada de un señor medieval... todo es importante y todo tiene que ser conservado, puesto que todo forma parte del Patrimonio arqueológico de este país.

Esta labor la llevan a cabo con auténtica pasión Jesús Sesma y
Jesús García, los dos arqueólogos del Gobierno de Navarra, y su centro de operaciones este almacén.

Para que nos hagamos una idea, en el Museo de Navarra está recogido sólo el 0,2 por ciento del patrimonio arqueológico de nuestra comunidad.

Hoy nos han abierto la puertas y nos han mostrado sus tesoros, las piezas más valiosas y las más curiosas y hemos constatado que su verdadera inquietud, más allá de la conservación, es la divulgación de este patrimonio.

Hemos querido traer aquí el reportaje de nuestra visita, para que tod@s podamos disfrutar de este legado, que nos pertenece pero al que de alguna manera pertenecemos también, pues le debemos nuestro presente.

Esta es una invitación abierta a conocer quiénes fuimos, para poder entender quiénes somos y proyectar quiénes queremos ser en el futuro. 


Empezamos la visita a lo grande, nunca mejor dicho, contemplando el Menhir de Soalar, encontrado en el valle del Baztán. Se trata del primero ejemplo en Navarra de representación escultórica y grabados, con una antigüedad de 2.000 años a.c. probablemente a comienzos de la Edad del Bronce. 


Apagando las luces del almacén y usando un potente foto, los arqueólogos nos muestran los secretos de este enigmático guerrero. 


Gracias a las explicaciones de los arqueólogos, hasta los más pequeños son capaces de identificar los diferentes elementos de esta figura. El arma principal de este guerrero es una alabarda, que se asemeja a un hacha pero en vez de filo termina en punta. 


La historia de su descubrimiento tiene su gracia. Resulta que quien la encontró, decidió usarla como canasta de baloncesto por su altura y decidió levantar la piedra, y así descubrieron el menhir. 


Nos cuentan que próximamente está programado su traslado al Museo de Navarra y nos anuncian que se creará una réplica para exponer en el lugar donde se encontró. Una frase final que nos dio que pensar. "Muchas veces, los hallazgos que se realizan y terminan en el museo, pierden el sentido de su existencia porque están fuera de su lugar"


Nos encontramos en la planta baja del almacén, donde por comodidad se guardan todos aquellos elementos que por su volumen y peso, pueden ser fácilmente movidos con elevadores. 


Pasamos a ver esta escultura encontrada en el yacimiento romano de Santa Criz en Eslava. Se trata de la figura de un senador romano mostrada en la plaza principal de la ciudad o foro, donde se encontraban el templo, el senado, el mercado, etc. Debió de tratarse de una persona muy importante y adinerada. La escultura vino desde Italia y posaba junto columnas de cinco metros coronadas por bellos capiteles. 


Capitel de Santa Criz en Eslava.

Estas representaciones hechas a medida tenían su pequeño truco. Sus constructores disponían de varios modelos de base para elegir (togados, como el que estamos viendo, motivos ecuestres, etc.), así ya tenían casi la figura acabado, exceptuando los brazos y cabeza, que debían realizar asemejándose al personaje. Originalmente esta escultura del senador estaba pintada con bandas rojas, que han desaparecido con el tiempo. 


Proseguimos la visita conociendo como eran las calzadas romanas y leyendo la información que nos da este Miliario encontrado cerca de la ciudad de Zaragoza (Caesar Augusta). Como su nombre indica marca en millas la distancia que había entre su ubicación y dicha ciudad, exactamente 70 millas. Javier Sesma nos explica y hace comprender la importancia de que los romanos introdujeran en nuestro país la lectura y la escritura. 


Este punto kilométrico nos cuenta que se hizo construir por el emperador Augusto entre los años cuarto y quinto antes de cristo. La construcción de las estas calzadas estaban a cargo de las tres legiones que se quedaron en Hispania para evitar revueltas. Una forma de mantener a estas legiones entretenidas era construyendo todas estas infraestructuras. Una de entre ellas, la sexta legión, fue la encargada de esta construcción. En su trabajo estas legiones formaron ciudades tan importantes como Astorga, León (que viene de legión), Zaragoza (Caesar Augusta) o Pompaelo (Pamplona/Iruña).


Posteriormente visitamos varias estelas funerarias romanas. Nos explican que los romanos querían dejar memoria y recuerdo de quiénes fueron, siempre haciendo alusión a sus dioses. 


Varias de las dedicatorias están firmadas por nombres de origen romano, como Serenus o Sinius, pero curiosamente conservan el apellido de sus raíces vasconas, como Narungeni o Arobio. Así mismo también conservaron la creencia en sus antiguos dioses. 


Las lápidas generalmente estaban en zonas de culto pero igualmente podían estar en cualquier lugar. Eran altares dedicados a los dioses, una forma de pedir favores o agradecerlos. Son especialmente emotivas las lápidas dedicadas a niños pequeños.



Continuamos la visita viendo varios tipos de mosaicos. Los romanos introdujeron "el lujo" en nuestra sociedad. Decoraban los interiores y los exteriores de las viviendas y ello marcaba el poder adquisitivo de sus propietarios.



Los mosaicos eran los suelos de las viviendas, confeccionados con argamasa, donde luego rellenaban con formas geométricas, figuras decorativas de muchas formas. En la foto de abajo podemos ver la representación de un caballito de mar encontrada en unas termas encontradas en la calle Curia de Pamplona. 



La ley obliga a guardar y conservar todos los restos arqueológicos que se encuentren. ¿Todos? sí, todos, incluso algo tan difícil de conservar como es la madera. En estos bidones fabricados de p.v.c. están conservándose las vigas de madera de una torre romana de defensa. No pudimos contar bien cuántos contenedores tienen repartidos por el almacén, unos treinta, más o menos. Deben mantenerlas sumergidas en agua tratada con un producto especial y cambiar dicha agua cada seis meses. 



Llegamos así a la segunda planta de este almacén, donde nos espera Jesús García. Pero esto queda para una segunda parte, donde podamos explicar bien todo lo que aprendimos. 



Sakon Espeleologia Taldea Noain

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