lunes, 4 de junio de 2018

Charla entrevista con Jose Javier de Diego, miembro del Grupo de Espeleología de la Institución Principe de Viana.





Zunzarren, un pueblo de espeleólogos, Navarra.






Son las nueve de la mañana cuando aparcamos a la entrada de este pequeño pueblo del Valle de Lizoáin-Arriasgoiti. Como suele ocurrir cuando visitas uno de estos pequeños y olvidados pueblos, el silencio y la sensación de soledad se apodera de nuestras sensaciones. Así pues, hasta el sencillo acto de cerrar las puertas del vehículo no pasa desapercibido y así, nuestros torpes movimientos de cargar mochilas y preparar el equipo, rompen el bonito silencio que reina en este desconocido pueblo para nosotros. Deberemos cruzar su calle mayor para buscar la pista que conduce a la sierra que queremos explorar hoy. 


Calle San Román, Zunzarren.

Con todo el equipo preparado comenzamos nuestra marcha y vamos pasando una a una las bonitas casas que decoran esta localidad. Nos sentimos como astronautas pasando por un poblado medieval. Las imponentes casas están cerradas, no se ve a nadie por la calle. Cruzamos toda la calle mayor y llegamos al final del pueblo donde por fin un pequeño perrito blanco nos saluda a su modo; alguien nos presta atención. A lo lejos una puerta se abre y un señor con una melena blanca sale con actitud observadora. Le saludamos a lo lejos levantando la mano y con una pequeña sonrisa. Seguro que estará pensando: ¿Dónde irán estos locos cargados de material de escalada? Normalmente la gente, al ver las cuerdas que portamos, nos confunden con escaladores. 

Para salir del pueblo hay que abrir una valla para el ganado y para cuando hemos conseguido abrirla, el vecino curioso nos ha alcanzado junto al perrito que sigue saludándonos incesantemente. "Hola, buenos días, bonito pueblo, esperamos no haber molestado mucho". El señor nos saluda y tras una pequeña sonrisa nos dice: "¿Espeleólogos?, ¿Vais a bajar alguna sima?"

Tras una breve conversación con Dedis, descubrimos que casualmente el pueblo está habitado por varios espeleólogos y espeleólogas, cinco vecinos de los once registrados en el censo. De repente la palabra I.P.V. sale en la conversación: el grupo de Espeleología de la Institución Príncipe de Viana, pioneros en las exploraciones en Navarra desde el año 1953.  


Interior de una de las viviendas del pueblo.

Seguimos charlando y charlando, con la valla cerrada a favor de la conversación. Dedis nos empieza a relatar de forma cálida y natural las aventuras y vivencias personales que acontecieron durante sus años de servicio en esta institución. 

Fruto de aquella casual mañana nace esta pequeña charla-entrevista, que pretende arrojar un poco más de luz sobre aquellas primeras exploraciones pioneras de la espeleología en nuestra comunidad.

o o o o o o o o o o o o o o 

Jose Javier de Diego o más conocido por Dedis, de 75 años, fue integrante de este emblemático grupo de espeleología. Nos recibe en su domicilio junto a Blanca, su esposa, y lo hace de una manera peculiar. Sentado en la terraza está muy ocupado en terminar algo que le tiene sumamente concentrado. Se toma su tiempo, elige un trazo fino y acaba unos contornos. La acuarela es otra de sus grandes pasiones. Cuando finalmente nos atiende, mantenemos una charla que aquí queremos resumir.  



Sakon: Saludos Dedis, sabemos que no te gusta ser mediático y por lo tanto no eres amigo de esta entrevista, por eso te damos especialmente las gracias por compartir con nuestro colectivo tus vivencias. Cuéntanos, ¿como conociste al I.P.V. y en qué año entraste en el grupo?

Dedis: A través de un vecino amigo, Primitivo Garralda, él nos puso en contacto con la institución. Yo tenía 18 años. Nosotros éramos tres amigos que nos gustaba practicar montañismo. Escalábamos en Etxauri con clavijas de hierro hechas por nosotros y las cuerdas de entonces, de esparto. Rapelábamos con mosquetones de acero y fuimos bastante autodidactas. 

Sakon: Por lo que nos has contado, antes de conocer a los miembros del I.P.V. ya tenías pensado particularmente junto a unos amigos dedicarte a la exploración de simas y cavidades, ¿cuál fue el motivo de esta afición de la espeleología y la exploración?

Dedis: De siempre me gustó la montaña, desde muy pequeño. Siempre me fascinaron los picos, crestas, zonas de escalada, túneles, cuevas, simas, etc. Así cada vez fuimos probando más modalidades, hasta llegar a la espeleología. Fue entonces cuando decidimos fabricarnos unas escalas de acero, que era lo último en seguridad para descender una sima. Fue en ese momento cuando contactamos con el I.P.V. y pedimos entrar en el grupo. En un primer momento se nos denegó, debieron pensar que éramos muy jóvenes y sin experiencia y hasta tuvimos que escuchar algún comentario jocoso y nos recomendaron explorar algún agujero de algún jardín. A nosotros su negativa tampoco nos importó mucho, puesto teníamos muy claro que queríamos explorar uno de los últimos rincones vírgenes de nuestra tierra.  


Sakon: Durante la charla nos has contado cómo vosotros mismos fabricasteis las escalas de acero galbanizado. Un invento que sustituyó a las cuerdas de esparto o a los cables de acero con tornos que se utilizaban en un primer momento. ¿Cómo recuerdas aquel cambio para la espeleología?
   
Dedis: Bueno, nosotros eramos jóvenes y realmente no vivimos tal cambio, las utilizábamos porque era lo que teníamos, pero en cuanto nos dedicamos a la espeleología, vimos claro la necesidad de tener unas buenas escalas  y nos pusimos a ello. Una vez las acabamos, las usamos en la exploración de varias cavidades y motivo de ello fue que esta vez el I.P.V. contactara con nosotros para pedirnos entrar al grupo. Cosa que hicimos encantados. 


Sakon: Entonces una vez entrasteis al grupo, ¿cuál era tu cometido principal o tu especialidad?


Dedis: Lo que a mí personalmente más me gustaba era la parte deportiva de la espeleología, así que era uno de los hombre "punta", de los que bajaban primero, casi siempre junto a Juan Miguel Puntos Martínez. Luego colaboraba con el resto de equipo en la organización, pero el resto de trabajos científicos, topográficos, fotografía, etc, lo realizaban otros compañeros

                                                           
Sakon: ¿Cómo crees que en aquel momento la sociedad navarra veía desde fuera vuestras investigaciones?, ¿os hacían sentir de alguna manera importantes o que estabais realizando una actividad muy especial y desconocida?, ¿o crees que pasasteis totalmente inadvertidos? 

Dedis: Yo personalmente no tenía ningún interés en saber cual era nuestra repercusión mediática. Mi colaboración en el grupo era por mis ganas de explorar y fuera de eso me mantenía bastante al margen. Cuando leo alguna información sobre aquellos años me gusta leerla y recordar esos tiempos. Recuerdo una vez saliendo por el túnel de la Verna en compañía de Félix Ruiz de Arcaute, que me paró un momento y se puso a arreglarme la indumentaria e incluso atarme algún botón, puesto que había periodistas a la salida y había que ponerse guapo. Esta parte era la que menos me gustaba y de la que menos voy a hablar.



Sakon: ¿Llegastéis a usar las cuerdas actuales de nylon o los nuevos descendedores?

Dedis: Sabíamos que existían nuevos materiales para la progresión por cuerda y que aligeraban mucho el peso y daban mucha seguridad, pero nunca las usamos en el grupo. Eran cosas que empezaban a usarse en Europa pero a nuestro grupo no llegaron.

Sakon: Nos has hablado en privado de las desavenencias políticas entre algunos integrantes del grupo, no vienen al caso y desde siempre hemos convivido con ellas hasta la actualidad. Pero por la época que os tocó vivir, imaginamos que la tensión sería máxima, acabada una guerra que separó a un país. ¿Se notaba esta tensión durante las exploraciones o crees que se logró trabajar por encima de dichas diferencias políticas? 

Dedis: Todos sabíamos lo que había pasado en la Guerra Civil Española pero nadie hablaba de ello, a no ser que fuera entre amigos. Había mucho miedo y meterte en problemas podía ser fatal. De hecho yo estoy casi seguro de que ciertas simas se evitaban por lo que podría haber abajo. Pero nosotros nos dedicábamos a la exploración sin que ello afectara a nuestra actividad. Por supuesto está la parte personal donde uno tenía sus diferencias, pero en el trabajo nunca trascendieron. 


Sakon: Durante nuestra charla en privado, junto a otro vecino del pueblo, también perteneciente al I.P.V., han salido algunas anécdotas sucedidas durante aquellas años. ¿Alguna que quieras compartir con nuestro lectores?


Sima del Vizcaino (Aralar) en torno a 1965. De izquierda a derecha: Juan Mari Feliu, Jesus Mari Urtasun, Miguel "Puntos" y "Dedis". "Fuente y autor: archivo Juan Mari Feliu, I.P.V.". Eskerrik asko por la contribución de Oier Gorosabel Larrañaga.

Dedis: Me preguntabas antes sobre la convivencia dentro de las cavidades y las diferencias personales, pues bien, yo tuve un pequeño encuentro con Félix Ruiz de Arcaute. En una campaña en la Sima de San Martín, estuvimos juntos todo un día y durante el trayecto tuve una mala experiencia con él. Era muy nervioso, decía las cosas en un tono que no era de mi agrado. Yo me sentía que le estaba ayudando y él poco colaboraba, daba muchas órdenes y me puso muy nervioso. Así que cruzando un lago en un bote neumático, en un momento de ira, llegué a cogerlo del cuello y amenazarlo con tirarlo al lago si no dejaba su actitud. En ese momento esta persona parece ser que recapacitó y tomó una actitud muy distinta. A partir de ahí fuimos más amigos, en el sentido espeleológico, claro. Luego a los dos días, necesitó de ayuda para salir al exterior por un tema personal y nadie hizo por acompañarle. Yo no tenía ningunas ganas de salir pero sentí que quizás me pasé y puesto que él había cambiado su actitud conmigo, me ofrecí y le acompañé fuera. Por cierto, no sé si su personalidad nerviosa, a veces desmedida, pudo tener algo que ver en el fatal accidente que acabó con su vida.    

Sakon: Y hablando de mujer y espeleología, ¿cuál fue la primera mujer que recuerdas y qué actividad desarrollaba en el grupo? 

Dedis: Maria Elena Baquedano fue la primera mujer que recuerdo y casi la única reseñable. Nos acompañaba casi todos los domingos pero no tenía una función en especial, nos ayudaba con el porteo y la organización y habitualmente descendía con nosotros. 


Listado de 50 Aniversario de la Espeleología en Navarra.

Sakon: Nosotros desconocemos quién puede ser la primera mujer espeleóloga de nuestra comunidad, pero por lo que nos cuentas de María Elena, podríamos tener perfectamente una candidata, ¿crees que podría ser?

Dedis: La verdad que no lo sé, pero podría ser y sería muy interesante. De hecho en el listado del 50 aniversario de la Espeleología en Navarra, solo está el nombre de María Elena, junto a Monserrat Ubach de Cataluña. Eso creo que os toca "explorar" a vosotros, que veo que os gusta y lo hacéis bien.

Sakon: Gracias Dedis, pues intentaremos saber algo más del tema e intentaremos contactar con María Elena y contar más de ello. Volviendo a la entrevista, ¿Consideras que dejaste algún
 día de ser espeleólogo, o eso se lleva hasta el final?, ¿Cuándo dejaste de ser integrante del IPV?, ¿continuaste alguna actividad espeleológíca con otro grupo? 

Dedis: Desde luego que la espeleología ha calado tanto en mí que siempre me he sentido parte de ella. Aquí en el pueblo tenemos varias cavidades y de vez en cuando solemos visitarlas con amigos. Antes de disolverse el grupo, viajé a Sudamérica y estuve unos años allí, cuando volví el grupo estaba de capa caída, apenas se exploraba nada. A partir de su disolución no volví a realizar espeleología con ningún grupo pero sí particularmente.  



Sakon: Durante nuestra charla privada hemos hablado también de la evolución de nuestra sociedad en general y de lo poco que te gustan muchos de los nuevos cambios que hemos sufrido. Hemos hablado de políticas, gobiernos, economía, nuevas tecnologías,etc... ¿Te gustaría dar algún consejo o recomendación a las nuevas generaciones que están por venir?, ¿acabaremos otra vez viviendo en cuevas en un mundo devastado por la radiación nuclear?

Dedis: Siendo negativo creo que ni acabaremos en las cuevas ni en ningún sitio, simplemente desapareceremos por las causas que todos sabemos y a las generaciones que están por venir les recomendaría que usaran mucho la cabeza y que aprendan de historia, para que se den cuenta que los errores del pasado no deberían volver a producirse. 

Sakon: Durante toda esta charla-entrevista hemos tenido la compañía de los tres miembros más jóvenes de nuestro Club, de 8 y 12 años. Han estado escuchando la entrevista y las fantásticas aventuras que vivisteis. ¿Deseáis preguntarle algo más a Dedis?, os animamos a ello.



- Martín, 12 años: ¿Por qué te inclinaste por la espeleología en vez de la escalada u otro deporte de montaña?

Dedis: Después de probar varias disciplinas descubrí que lo que más me gustaba era este deporte y no me equivoqué, porque es una actividad muy completa, que incluye la escalada en su modo artificial, además de otras como el buceo. A parte descubrí que tenía vértigo a las alturas y dentro de las simas, como no se veía el fondo, no había vértigo. 

- Ibai, 12 años: ¿Cuál es el momento más peligroso o el que más miedo has pasado?

Dedis: El mayor susto lo tuve en un paso muy estrecho en una sima de Aralar. En un momento noté como si la tierra se moviera, fue porque estaba sobre un bloque que pareció moverse por mi peso. Pensé que se movería todo y moriría chafado. 
Otra vez, en la Sima de San Martín, salíamos para afuera, y estando yo el último del grupo, me perdí y estuve varias horas dando vueltas y sintiéndome perdido. Sabía que más tarde o más temprano encontraría el camino o vendrían a por mí, pero la sensación de estar solo y perdido en una cavidad tan grande fue de lo más angustioso. 

- Ura, 8 años: ¿Y el momento más divertido o lo más bonito que has visto en una cavidad?

Dedis: Desde luego me quedo con la adrenalina de ser los primeros en bajar a aquellas cavidades y descubrir aquellos bellos parajes del subsuelo. Para mí eso era lo más bonito y divertido. 

Gracias Dedis por haber compartido tu tiempo con nosotros. A  sido todo un placer. Vamos a continuar nuestra marcha. Seguro que nos volvemos a ver otras muchas veces cuando pasemos por tu pueblo. Hasta pronto. 



Sakon Espeleologia Taldea


miércoles, 30 de mayo de 2018

Relato de exploración: La sima de Itolaz (Valle de Erro)




“Los resultados aleatorios de una exploración en cavidad pueden llegar a desanimar al más intrépido explorador de los abismos … con el tiempo, encontraremos la plenitud en la acción misma de explorar, dejando las grandes cifras para libros y catálogos”         
Técnicas de espeleología alpina por G. Marbach y B. Tourte


He aquí el relato de las exploraciones acaecidas durante varias semanas en la Sima de Itolaz. La historia comienza, como viene siendo habitual, con una conversación con los lugareños, en la que nos hablan de una sima de amplia boca en la cual “no se llega a ver el fondo”. Conocida y evitada desde tiempos remotos por los pastores, la sima permanece escondida entre gruesos bojes, que a propósito han dejado crecer con ánimo de proteger el ganado.

“Una vez, se cayó una oveja a la sima. Un joven de un pueblo cercano, que se manejaba con cuerdas y aparatos, descendió por el agujero para intentar buscarla. Encontró a la oveja muerta en el fondo” nos cuentan.

Guiados por uno de los pastores nos dirigimos a la zona. Un bonito campo ganadero tapizado de islotes de bojes, en los cuales las ovejas se refugian de las inclemencias del tiempo. En uno de ellos, el más grande, se encuentra nuestro objetivo. Avanzamos con cuidado entre los bojes y enseguida se abre ante nosotros un majestuoso pozo, de unos 15 metros de diámetro y tapizado de musgo en su totalidad. Las primeras estimaciones nos dan unos 45 metros de profundidad, así que nos ponemos manos a la obra. Obviamente, el joven que descendió en busca de la oveja debía de ser espeleólogo para bajar por aquí, pero no encontramos ni un solo anclaje en todo el diámetro. Probablemente descendió de una tirada desde los gruesos bojes que lo rodean.





Comenzamos una  instalación que se complica más de lo que podríamos haber imaginado. Varias repisas a escasos metros de cabecera nos obligan a instalar tres fraccionamientos aéreos y algo incomodos de pasar, tras los cuales, una larga tirada en volado nos deja en la base.

En este punto estamos ya ensimismados con su belleza. El pozo, que mantiene su anchura en toda la vertical, está claro que en su día recibió un aporte importantísimo de agua, aunque a día hoy se encuentra practicamente fósil.

Tal y como hemos visto en otras simas de la zona, el pozo se ha ido colapsando de rocas paulatinamente, probablemente desde que lo abandono el curso de agua, quedando obstruido a una profundidad de unos 45 metros. Esta es la cruz con la que tenemos que convivir en el valle de Erro, imponentes pozos que en su día probablemente pertenecieron a grandes sumideros, colapsados completamente por el paso de los años. No obstante, nuestra experiencia nos dice que si encontramos pequeños recodos que nos permitan cortocircuitar la obstrucción es probable que topemos con pozos secundarios, habitualmente menos colapsados.




La cavidad se desarrolla a favor de una fractura en la roca este - oeste, y en uno de sus lados aparece el primer paso obvio, una grieta de unos tres metros de altura que nos abre paso a una sala en cuyo fondo encontramos una chimenea de grandes dimensiones, que por su altitud, estimamos, conecta con una pequeña ventana que se abre en la mitad del pozo de entrada. Nuestras sospechas se confirmaran, días más tarde, cuando apreciamos que las chovas anidan en dicha chimenea y acceden a ella a través del estrecho paso que se abre en la mitad de la pared de entrada.


Bonitas formaciones en la chimenea de las chovas


A primera vista la cavidad termina en este punto, pero no nos damos por vencidos, es un pozo importante y con toda probabilidad ha de tener continuación bajo el suelo que pisamos. Enseguida ponemos la vista en el lado Este de la cavidad, donde una estrechísima grieta se va abriendo paso por la roca hasta donde nos alcanza la vista. Es obvio que por la grieta no cabe una persona, pero fijándonos con cuidado apreciamos que según desciende se va ensanchando paulatinamente, quizás hasta la anchura de una persona.
Tanteamos. 

La primera piedra cae por la grieta y tras varios rebotes en sus paredes vuela unos segundos y un golpe sordo nos avisa del fondo. Pero la cosa no acaba ahí, se oye la piedra rodar por una pendiente y finalmente otro golpe sordo. Un segunda y una tercera piedra nos dicen lo mismo.

Se confirman nuestras sospechas, tras el estrecho meandro hay un pozo de entre quince y veinte metros que termina en una pendiente rocosa. ¿Quizás una sala? Se nos iluminan los ojos. Está claro que los trabajos serán duros, pero somos conscientes de que si logramos atravesar varios pozos colapsados es probable que entremos en el antiguo sistema acuático subterráneo, y quien sabe dónde nos llevaría.


Lo vamos a intentar.


Las consecutivas jornadas fueron sucediéndose entre el barro y el frio. Penosas jornadas de cavar, desobstruir e intentar forzar un paso que no da tregua. La estrechez de la grieta, amén de su humedad e incomodidad, nos impide trabajar de forma efectiva; teniendo que innovar en cuanto esta en nuestra mano para hacer un poco más sencilla la tarea. Palos, garfios, cuerdas, todo lo que esta a nuestro alcance para intentar retirar las piedras que nos impiden el avance.


Base del P40 después de la desobstrucción. 

Finalmente, tras varias jornadas y decenas de piedras retiradas, nos ubicamos sobre la vertical del pozo. El sitio es estrecho. Apenas nos deja sitio para trabajar un pequeño pasamanos y una cabecera digna.

El paso clave, antes cubierto de rocas, tras la dura desobstrucción. 


El paso desobstruido visto desde abajo. 


Instalamos la cuerda y descendemos, no sin cierta dificultad. Lo que encontramos nos asombra. Nos hayamos en el lado estrecho de un precioso pozo de blancas paredes y de amplias dimensiones. Formado desde la grieta que hemos dejado sobre nuestras cabezas, se abre en forma de campana hasta alcanzar una anchura considerable, punto en el cual se encuentra colapsado de rocas. De nuevo la misma tónica.





Probablemente, a través de los años, las piedras del pozo superior han ido deslizándose por la grieta hasta colapsar este último.

En la base del pozo blanco. 

No obstante, la cavidad nos brinda una continuación. Una pequeña ventana a metro y medio de altura que en su día sería una pequeña vía lateral por donde se perdería un pequeño aporte de agua. Todavía queda esperanza. Avanzamos curiosos por dicha galería, de blancas paredes, donde se van sucediendo pequeños saltos en un suelo tapizado de arena. Hace muchos años que no corre agua por estos lares, pero está claro que en su día circulo por aquí un aporte que formo las pequeñas cascadas de varios palmos de altura.

Curiosa roca en equilibrio sobre la galería colgada.

Enseguida encontramos una nueva estrechez, esta vez suficiente para una persona y de morfología muy diferente a las anteriores. El curso de agua encontró en este punto una zona más blanda de roca, y formo una evidente cascada que se sumía en las profundidades por un pozo redondo perfecto.



Nos apresuramos a instalar el pozo, de unos 20 metros según estimamos, y lo descendemos sorprendidos por su belleza y uniformidad. Cuando llegamos a su fondo, nos encontramos con lo que nos temíamos desde su inicio.

El pozo está colapsado. Se acabó.



La morfología es diferente en este punto, la galería y pozo totalmente limpios de rocas nos indican que ya no llega el material del exterior, probablemente por encontrarse está colgada sobre el nivel natural. El pozo se encuentra tapado por antiguas arenas arrastradas por el agua y sobre las cuales se ha depositado alguna que otra formación.



No es una buena noticia, aquí termina nuestra exploración. Nos quedamos a 78 metros de profundidad pero sabemos que la cavidad esconde muchos secretos bajo nuestros pies. La tierra a decidido mantenerlos ocultos y en la más profunda oscuridad. Que así sea.

A modo de chiste irónico, encontramos allí el cráneo del que fuera el primer explorador de dichas galerías: Un tejón;  que en aparente expresión sonriente nos recuerda que mucho antes que nosotros hubo vida en ese punto. Mucha más de la que imaginamos.





Con la lección aprendida nos vamos para casa. Conscientes de que hemos explorado una cavidad de dimensiones humildes, cuyos números apenas destacaran en el mar de cifras que llenan los catálogos espeleológicos. Una cavidad que no pasara a la historia de la exploración ni inspirara a jóvenes exploradores. Pero hemos explorado un lugar tan importante como cualquier otro, que nos ha ayudado a entender un poco más los entresijos del macizo en el que nos encontramos, nos ha hecho crecer como espeleólogos y nos ha enseñado la importancia de perseverar.
Pero sobre todo, y por encima de todas las cosas, un lugar con el cual hemos conectado, quizás por el contacto con la roca fría, quizás por las horas que hemos invertido en él, o puede que por el instinto humano de amar la tierra sobre la que pisa. Sea como sea, este lugar se ha convertido en parte de nosotros, y nosotros nos hemos convertido en parte de este lugar.



El buzo solía ser amarillo...


jueves, 24 de mayo de 2018

Entrevista al Dr. Francisco Etxeberria Gabilondo.

Compartimos la entrevista realizada hace una semana por dos  compañer@s del Club en el Periódico Subterránea, informativo nacional perteneciente a la Confederación de Espeleología y Cañones. 

Entrevista al Dr. Francisco Etxeberria Gabilondo.
Antropólogo Forense, Profesor Titular de Medicina Forense de la Universidad del País Vasco.

Francisco Etxeberria Gabilondo, o Paco, como le gusta presentarse, es uno de los máximos representantes de la medicina forense de España y del mundo. Su trabajo ha sido clave en el esclarecimiento de la muerte de personajes muy famosos como Salvador Allende, Pablo Neruda, Víctor Jara, Miguel de Cervantes... y su colaboración, imprescindible en casos de triste actualidad como el de Ruth y José Bretón o Diana Quer, por lo que apenas necesita presentación.

Pero dejando a un lado estos casos tan mediáticos, por sus manos han pasado miles y miles de huesos anónimos de todo tipo, a lo largo de muchos años de trabajo como médico legal y forense, y también como antropólogo y biólogo.
En los últimos años se ha dedicado especialmente a colaborar con la recuperación de la Memoria Histórica y, junto a un equipo de especialistas de todos los campos, lleva ya más de 500 fosas comunes de la Guerra Civil Española y la Posguerra exhumadas.
Actualmente preside la Sociedad de Ciencias Aranzadi en Donostia, que desde 1947 se dedica al estudio y la investigación de las Ciencias Naturales y la Antropología del País Vasco, y por extensión, universales. Su labor divulgativa es una de sus señas de identidad (revista Munibe anual, guías de la naturaleza, mapas...). 

Está claro que el compromiso de Francisco Etxeberria con la Ciencia y con la Historia es indiscutible.

Desde la Revista Subterránea hemos sabido de su afición por la espeleología, y hemos querido entrevistarle para conocer qué opina de algunas cuestiones que nos interesan.

P. S. - Muchísimas gracias por concedernos esta entrevista, Paco, sobretodo porque sabemos que tu tiempo es oro. La primera pregunta es obvia. Sabemos que practicas la espeleología y queremos saber cómo empezó tu afición por ella, ¿qué primera cavidad recuerdas con cariño? 

F.E. - Los centenares de cuevas de la sierra de Aralar en Ataun. Yo no vivía lejos y me parecía mentira que esas cuevas y su mundo estuvieran sin explorar. Lo normal era subir al monte y luego bajar a casa, hasta que en esos mismos caminos descubrí las cavernas que había a sus lados. Llegar al río subterráneo de Ondarre, o bajar el pozo de Pagomari, son cosas impresionantes, como también lo es reptar por el barro en cualquier pequeña galería molestado por el viento que la atraviesa.


P..S. - Dentro de las secciones que abarca Aranzadi, está el Departamento de espeleología, que es el más antiguo de toda la Sociedad. En vuestra página se puede leer: "La espeleología es la ciencia que unió a los primeros socios de Aranzadi. Socios que actualmente trabajan como directores en otros Departamentos." Nos gustó esta frase.

F.E. - Muchos llegamos a Aranzadi con pantalones cortos y allí conocimos a otras personas con experiencia. Cada excursión era fantástica descubriendo y entendiendo la naturaleza. Esta entidad condicionó nuestras vidas para siempre. Casi nadie entiende que cuando practicas la espeleología confías en quienes te rodean: cuando un compañero hace un nudo y ata una cuerda, te fías. A pesar de que tu vida depende de ese nudo. Lo dijo Félix Ruiz Arcaute, pionero de la espeleología en la País Vasco y fallecido bajo el agua helada a mucha profundidad en el Pirineo: “Lo importante es la cadena. Nosotros somos simplemente los eslabones”

P.S. - Nos fascina saber que la ciencia es capaz de interpretar lo que sucedió hace miles de años a partir de unos restos óseos, unos dientes o un trozo de cerámica... Siguiendo un poco tu trayectoria y tus investigaciones sobre restos humanos de todo tipo, vemos que no se te escapa ningún caso... ¿alguna vez se te ha resistido algún hueso que no pudieras "leer"?

F.E. - La frase es antigua “Los ojos no ven nada más que aquello que ya conocen. Si no encuentran lo que buscan, dicen que no hay nada”. Eso significa que no podemos dominarlo todo, que hay que formarse. Por eso me han interesado por igual hacer una topografía como entender el curso del agua a través de trazadores. Y la verdad es que la espeleología tiene una dimensión de gran utilidad vital cuando te ves obligado a diseñar una manera de superar una dificultad, como una vertical, por ejemplo. Tienes que actuar con seguridad, rapidez, improvisando mil situaciones distintas. Asumes responsabilidades de trascendencia. Si no lo haces bien, arriesgas la vida de todos.

P..S. - En los últimos años ha habido un boom de descubrimientos de arte parietal en el País Vasco (Aitzbitarte, Armintxe, Arbil, Danbolinzulo, Atxurra...) Muchos de estos descubrimientos han sido realizados por Clubs de espeleología y en muchos casos gracias a los nuevos sistema de iluminación. ¿Crees que todavía queda mucho por descubrir o, al contrario, cada vez va quedando menos?

F.E. - No tengo duda. Esos grupos han sido adiestrados y se han puesto las “gafas” de buscar pinturas rupestres. Eso va a dar nuevos frutos seguro. Sorprende pensar que han pasado otros espeleólogos antes y no se hayan fijado. Yo mismo he descubierto pinturas rupestres, pero seguro que se me han pasado algunas. Cuando el haz de luz recorre por delante de la figura y te das cuenta, te entra una emoción que es la recompensa por tanto trabajo. Esto nadie lo puede entender. Éramos unos “mataos” y afortunadamente hoy hay mejores medios en todos los sentidos. Cuando leo los informes de lo que hacía con 20 años, me parece que es cosa de otra persona.

P..S. - Como espeleólogos nos consta que hay un montón de trabajo en cuanto al estudio de los hallazgos que se realizan ocasionalmente en las exploraciones. En muchos casos, tras dar aviso a los servicios de arqueología de las administraciones, pueden pasar años para su estudio. ¿Es esto falta de medios o simple desinterés por parte de las organismos públicos?    

F.E. - Es imposible atender desde el punto de vista de una investigación profunda todo lo que se descubre. Esto crea frustración en los descubridores. Pero los espeleólogos son muy responsables con esos primeros trámites y, de hecho, si miramos la historia de los grandes descubrimientos en cuevas, todos son fruto de anónimos espeleólogos a los que en su trabajo diario nadie les podría creer.


P.S. - De todos los trabajos que has realizado hasta ahora,  ¿cuál consideras que ha sido el más gratificante como profesional y humano?, ¿Recuerdas cuál fue tu primer hueso humano encontrado en una cueva y lo que sentiste al darle una historia?

F.E. - Durante seis veranos estuve colaborando en las excavaciones de la cueva de Amalda que contiene un yacimiento paleolítico importante ya investigado y publicado. Yo era estudiante de medicina y no imaginaba entonces que me dedicaría tan intensamente al estudio de los restos humanos. No recuerdo el primer hueso, pero en aquellos tiempos visitamos todas las cuevas sepulcrales del País Vasco. Cada fin de semana era una aventura llegando a conclusión de que el ser humano del pasado dominaba totalmente el medio ambiente. No se le escapaba ni un rincón.



P.S. - Como decíamos antes, los espeleólogos somos muchas veces valiosos contribuidores en los diferentes hallazgos que se están realizando, con motivo de la exploración de nuevas cavidades, por la desobstrucción de nuevos pasos, escalando paredes, etc. pero muchas veces seguro que también hemos pasado junto a algo muy importante y ni siquiera nos hemos dado cuenta. ¿Sería útil y necesaria algún tipo de formación para los espeleólogos en cuanto a dónde buscar pinturas rupestres, identificar restos óseos, grabados, material lítico, etc?  

F.E. - No es la primera vez que escucho esta iniciativa. Sería de gran utilidad y una buena idea si se hace. Contenidos sobre reglamentación al respecto o sobre el tratamiento tras el hallazgo de restos, etc., mejorarían los resultados de investigaciones posteriores.


P.S. - Sabemos que Aranzadi está realizando estudios en algunas cavidades seleccionadas donde se está recogiendo todo tipo de resto óseo animal que se encuentra. ¿Podrías contarnos más detalles sobre estos estudios?

F.E. - Los hallazgos en cuevas son patrimonio público y los restos tienen valor paleontológico por lo que se deben recoger mediante permisos previamente concedidos por las Diputaciones. En la actualidad, en algunas cuevas se procura excavar todo y no dejar porciones de sedimento que luego se deteriora por la acción natural. Por ejemplo, la cueva de Labeko, en Arrasate, supuso un esfuerzo inmenso para excavarla completamente. Allí la colaboración de los espeleólogos de Arrasate y Oñati fue fundamental.

P.S. - Está muy de actualidad todo el trabajo de memoria histórica que estáis realizando. Precisamente has sido galardonado con el premio Manuel de Irujo, otorgado por el Gobierno Vasco, que reconoce a aquellas personas o colectivos que dan testimonio de su compromiso en defensa de la Justicia y la promoción de los valores que la alientan. Es habitual seguir vuestras exhumaciones en los medios informativos cada poco tiempo. Un trabajo que está dando luz y descanso a muchas familias rotas por el olvido. Queremos felicitaros por ello. ¿Os queda mucho trabajo por hacer?   

F.E. - Uno de los momentos más intensos que he vivido en una cueva se produjo hace dos años cuando descubrimos los restos de una mujer y sus seis hijos a casi 50 metros de profundidad en la sima de Legarrea. Tuvimos que desescombrar varios metros de desperdicios y parecía que allí no había nada. Hasta que aparecieron los primeros huesos de los menores y en unos días todos los esqueletos. La sima es peligrosa, incómoda en el fondo y encerraba una historia real digna para hacer una película. Queda mucho por hacer en el campo de los Derechos Humanos.


Premio René Cassin 2007 a la Sociedad de Ciencias Aranzadi

P.S. - Todos sabemos ya de la información que puede dar un "simple hueso", ¿Qué avances están por venir gracias a las nuevas tecnologías?

F.E. - En la actualidad lo más ingeniosos es aplicar técnicas que se han desarrollado en la industria y llevarlas al ámbito de las ciencias forenses. Por ejemplo, lo relativo a imagen que permite ver todo sin tocar nada. Escaneados, fotografía y vídeo, sirven así para hacer demostrativo lo que se pretende, cuestión fundamental en la prueba pericial forense.

P.S. - Mediante exitosos programas de televisión y otros medios, se hace evidente el trabajo de divulgación que se está realizando para llegar al público y mostrar para qué sirve la medicina forense. ¿Algún nuevo proyecto de divulgación que podamos saber?

F.E. - Siempre me ha parecido importante la difusión. Con ello se crean nuevas vocaciones y se valora mejor el trabajo que realizamos que los últimos tiempos se ha prestigiado mucho. Hoy día existe un Instituto Vasco de Medicina Legal con gente muy preparada y los resultados son evidentes. Cuando yo empezaba no había mucha tradición en esta especialidad. En la televisión quieren hacer más programas de “el lector de huesos” que ha funcionado bien, pero yo tengo limitaciones y no son tantos los casos escabrosos que se producen entre nosotros.

P.S. - Vamos a ir terminando la entrevista, no antes sin preguntarte algo que seguro más de uno queremos saber. Lo normal entre la gente corriente es tenerle miedo a la muerte. En tu caso, eso sería más bien raro... ¿podemos saber a qué le tienes miedo tú?

F.E. - La muerte es una parte natural de la vida. No tememos la muerte sino a la forma de morirnos, el dolor, el sufrimiento, la soledad... Esto lo discuto con los etnógrafos que dicen que en la actualidad “se esconde la muerte”. No es cierto, escondemos el morirnos y lo hacemos solos en una habitación alejados de nuestros allegados. Cuando me muera, que me incineren. Si yo pudiera llevaría las cenizas a un lugar que no voy a decir y que tiene que ver precisamente con la espeleología. Pero seguro que no voy a ser protagonista de esa parte de mi vida.

P.S. - Para despedirnos queremos contar a nuestros lectores uno de los hobbys, no sabemos si más o menos conocidos de Paco. Eres amante y coleccionista de carbureros antiguos. ¿Te falta alguno en concreto en tu colección particular que quieras compartir con nuestro colectivo? Entre tanto espeleólogo podría ser fácil que alguien lo identificara. 

F.E. - Me gustan porque me han dado luz en la oscuridad durante mucho tiempo. Me han iluminado literalmente. Con esa luz y el olor tan característico, he dormido en varias cuevas. Me bastan con los que tengo y me da pena ver que hoy día se tiran a la chatarrería. Busco el modelo que fue comercializado por la Unión Cerrajera de Mondragón a mediados del siglo XX.

P.S. - Muchísimas gracias, Paco por compartir tu valioso tiempo y tu sabiduría con nosotros. Desde la Confederación de Espeleología y Cañones, representamos al mayor colectivo de espeleólogos de España, con 12 Comunidades adscritas y varias Asociaciones. ¿Nos darías algún consejo, sugerencia o proposición para seguir creciendo?

F.E. - La espeleología combina, deporte, aventura, ciencia, compañerismo y juventud. Autosuperación y reto constante. No se trata de llegar al fondo de la sima, lo valioso está en el recorrido hasta ese lugar, siempre pensando que hay que poder regresar. Y eso es planificación. Como dijo otra persona que me ha precedido en todo esto: “en una cueva, cuando está solo, puedes escuchar el latido de tu propio corazón”. Y a eso añado que es como pensar sobre uno mismo. Encontrarse con uno.

P.S. - Un saludo y hasta siempre.


Sakon Espeleolgia Taldea






miércoles, 23 de mayo de 2018

Fin de semana cántabro. Tonio-Cañuela, Torca la sima-Gandara


Este fin de semana dejamos un poco de lado las exploraciones para estirar las piernas por nuestra querida tierra vecina, Cantabria. Aprovechando el buen tiempo que pronostican (raro por esas latitudes), cargamos los petates y nos dirigimos hacia Arredondo, con ánimo de reencontrarnos con viejos amigos, degustar maravillosas barbacoas, y como no, visitar alguna de las maravillosas cuevas Cántabras.

Vamos llegando el viernes por la tarde-noche, al olor de la brasa, y entre cervezas y viejas anécdotas se nos hace tarde. ¡A dormir todos que mañana toca madrugar!


Sábado 19 de mayo.



Hoy toca la archiconocida travesía entre la sima de Tonio y la cueva de Cañuela. Después de un desayuno de campeones y planificar un poco la salida, nos ponemos en marcha sin demasiada prisa, ¡hoy hemos venido a disfrutar!


Un precioso día nos acompaña durante la aproximación, y enseguida encontramos la pequeña boca de la sima de Tonio, la cual nos acoge con una refrescante corriente de aire. En los primeros pozos, que se suceden uno tras otro, empezamos a entrar en calor, ¡la jornada promete!

Tras un pozo de 48 metros, que dejamos a mitad de altura a través de una ventana equipada con pasamanos, empieza la fiesta. Se terminan los amplios pozos de entrada y nos adentramos en una recorrido de cuerdas fijas la mar de divertido por pozos y escaladas de pequeño calibre, cuyo paso más estrecho, la “diaclasa vertical” hace que nos entre la risa a todos.

La reseña dice textualmente: “un espeleólogo de 90Kg y 1,90m cabe sin problemas”, añadiré: “siempre y cuando no respire demasiado”, porque el paso se las trae.

Tras este recorrido de cuerdas que nos recuerda a un pequeño chikipark para espeleólogos, la cavidad vuelve a abrir sus dimensiones en un bonito pozo de 55 metros que, de nuevo, abandonaremos por una ventana lateral equipada con un pasamanos.





A partir de este punto se suceden varios rapeles hasta llegar a uno de los puntos mas característicos de la Cavidad: El meandro de la borrasca. Este estrecho pasaje, llamado así por la fuerte corriente de aire que circula por él, nos da acceso al ultimo rapel de la sima, un P20 volado que nos deja en lo alto de un gran caos de bloques.

Al principio, es difícil apreciar la magnitud de la sala donde nos encontramos, la famosa sala Olivier Guillaume, considerada la segunda mas grande de la península con una superficie de 26.800 m2, el equivalente a mas de 5 campos de fútbol, pero enseguida empezamos a ser conscientes de nuestra suerte por poder visitar este lugar. 





Según descienden los compañeros y se concentra más luz apuntando a las gigantescas paredes, se empieza a apreciar la inmensidad de la sala. Es un buen momento para sentarnos a reponer fuerzas, así que arropados por la oscuridad que nos rodea, disfrutamos del almuerzo ensimismados por el sitio en el que nos encontramos.



A partir de este punto, ya sobre tierra firme en la cueva de Cañuela, el paso es mas ligero, y las galerías cada vez mas amplias. Bajamos el enorme caos siguiendo las marcas que balizan el camino, sin las cuales, sería sumamente difícil encontrar la salida entre las gigantescas rocas.

Nos adentramos ahora, en las galerías más concrecionadas de la travesía, la Antesala, la Galería del 10 de agosto y una galería lateral conocida como la galería de las sierras. Estas galerías, amplias y cómodas, nos ofrecen un espectáculo de estalactitas en forma de sierra, las cuales no dejan indiferente a nadie. 










Tras visitar también la sala donde se ubicaba antiguamente el vivac y hacernos un millar de fotos en las diferentes galerías, nos ponemos rumbo a la salida. Atravesamos la galería del patinazo (con caída incluida del que suscribe) y hacemos una pequeña escalada a la galería del Bulevar, un amplio conducto que nos deja en un balcón sobre el cañón de entrada de la cueva de Cañuela. Descendemos el ultimo rapel, y nos apresuramos hacia el gran pasamanos lateral que protege la cueva de Cañuela de los menos aguerridos. 


Ya podemos ver desde aquí la inmensa boca de Cañuela, que nos espera con un día cálido y soleado. ¡Casi podemos oler desde aquí el humo de la barbacoa que se gesta en la ladera opuesta del valle!



Domingo 20 de mayo.


Nos levantamos temprano, con un poco de pereza por culpa de la sidra y las conversaciones nocturnas, pero con ganas. Hoy toca otra mítica travesía, a la cual le tenemos muchas ganas: Torca la Sima – Cueva de la Gándara.

Nos hemos levantado temprano, porque es domingo, y hay quien trabaja por la noche, así que sin más preámbulo nos ponemos marcha. Un rápido repaso a las cuerdas que llevaremos, petates a los coches, y en un santiamén nos plantamos en la boca de la sima.

El día luce maravilloso hoy también, cosa que se agradece teniendo en cuenta el pozo de entrada que vamos a bajar hoy. Nada mas y nada menos que 155 metros de pozo prácticamente vertical con un total de 5 tiradas de hasta 53 metros de longitud. Un espectáculo para la vista.




Mientras unos instalan, otros se ponen cómodos, la cosa va para largo. 

Las reuniones, perfectamente instaladas gracias a la iniciativa de la federación cántabra de espeleología, se suceden una tras otra según descendemos. Parece que el pozo no tiene fin, y cada vez estamos mas lejos del sol. 


Unos walkies nos ayudan a coordinar toda la operación, que tal y como planeamos, completamos en un santiamén. 240 metros de cuerda, e instalamos y desinstalamos el pozo como quien baja un P50. Ahora bien, el ultimo de tirada parecía una araña en su descenso, con más cuerdas que la raqueta de Pitt Sampras.




Tocamos tierra, y lo primero que nos sorprende es que allí arriba vemos claramente el cielo, a pesar de haber bajado 155 metros. ¡Impresionante!




Nos encontramos entonces en la sala de los espejos, una bonita sala de altas paredes con unos espejos de falla gigantescos, y completamente tapizada de bloques caídos del exterior. No quisiéramos estar debajo cuando caiga uno de ellos, así que ponemos pies en polvorosa lo antes posible. 





Una cuerda en fijo nos indica el camino a los siguientes pozos, un P17 y un P44 fraccionado, que nos deja en una bonita sala con mucho goteo, motivo por el cual, pensamos, se denomina Sala de los flujos. Por último un P10 en fijo nos desciende a lo que podrían considerarse las galerías de unión con la cueva de la Gandara, un entramado de estrechos pasos caóticos equipados en fijo donde es sumamente fácil perderse. Es fácil cogerle cariño a esta zona. El roce con la roca, los enganchones del arnes, las piedras que sueltan sin avisar... hacen de estos pasos un lugar inolvidable.¡Esta es la espeleologia que nos gusta!




Alguna magulladura y algún que otro juramento después, encontramos por fin el paso clave de la cavidad, un pequeño hueco bajo estalactitas, que conecta esta ultima zona caotica con una amplia galería de la cueva de la Gandara y con la galería procedente de la Sala del Angel y la travesia de Caligrafos (la cual, sin duda, visitaremos mas adelante). Una vez atravesado este punto, ya podemos respirar tranquilos, lo mas complicado de la cavidad ya esta hecho, y llevamos buena hora según lo previsto.



Un rato de cómodo paseo por amplios espacios hasta que nos encontramos con el último escollo de la travesia: El delator. Un largo laminador cuya altura discurre entre “dejarte las rodillas contra el suelo” y “acabar con los riñones para hacer pure”, y que tras múltiples giros bruscos acabas considerando como un lugar del cual salir lo mas rápido posible. En su defensa diremos que en algunos puntos tiene unas formaciones maravillosas, siempre y cuando te queden ganas para mirar al techo. 




El delator termina (por fin) en una amplia sala cuyo camino esta balizado por la federación cántabra. A partir de este momento la cavidad, sin ninguna dificultad, mantendrá en todo momento las amplias dimensiones y el suelo balizado, por lo que poco a poco emprendemos la salida.


Atravesamos la famosa vira del oso, un agujero de 49 metros de profundidad salvado por un pasamanos ingeniosamente colocado, y enfrentamos la subida del último tramo: Una pendiente de rocas ascendente hasta el punto mas alto de la galería, la estrecha salida de la gándara, conocida comúnmente como “el pinchazo”.



Una vez mas, nos despedimos de esta maravillosa tierra, pero no con un adiós, sino con un ¡Hasta pronto!