sábado, 11 de febrero de 2017

Travesía Calígrafos - Gándara, Cantabria

El pasado 7 y 8 de enero, hemos realizado la travesía Calígrafos-Gándara. Con sus 12 km de recorrido es la travesía más larga de la península ibérica.



El viernes 6 a las 19 horas Txandi, Héctor y yo, nos adentramos en Gándara para dejar preparada la instalación del Pozo de las Hadas. Se trata de una vertical de 45 metros, el único que no está instalado en fijo de toda la travesía. Para las 21 horas ya estábamos tomando la cerveza de rigor y preparándonos para la jornada del día siguiente.


A las 8 de la mañana del sábado, quedamos en el parquin de la Gándara. Realizamos la actividad Txandi (Cota Mínima), O. Markaida (Sakon), Jose Mari (GEL), Mari Sol (GEL), Héctor (GEMA) y yo (GEMA). En ese punto dejamos un vehículo con ropa, cervezas y sidra, si todo salía bien habría que celebrarlo. Con otros dos vehículos fuimos al Portillo de Lunada, donde nos pertrechamos con todo lo necesario.


Tras 30 minutos de aproximación y superar los rescoldos del fuego, que aún humeaban por la ladera, llegamos a la boca de Calígrafos.  
Nada más entrar ya estábamos arrastrándonos por una gatera que daba paso a un laminador. Este tramo es la galería del Lagarto; la verdad que es un gran tramo con pocas ocasiones de erguirse. Según la descripción que tomamos como referencia, debíamos coger todas las bifurcaciones a la derecha, lo que nos indujo a error y tener que recular hasta una bifurcación a izquierdas. 


Continuamos hasta dar con un caos de bloques, que tras girar levemente a izquierdas nos situaba encima de un pequeño destrepe a la derecha. En este punto había que tener cuidado con las piedras y rocas dado a la descomposición e inestabilidad de las mismas y el riesgo de tirárselas a quién está por debajo. Tras una pequeña gatera a la derecha y continuar por el lecho del río, avanzamos hasta dar con una sala más amplia en la que hay una pequeña ventana con una cuerda que ayuda a realizar un destrepe de tres metros. Poco más adelante estábamos en la sala Joction. La balización es muy buena, lo que facilitó mucho orientarnos en la complejidad del recorrido.


Progresamos por la Tangente Verde, primero hacia el Este y posteriormente al Norte, tras superar pequeñas escaladas y desfondamientos, nos sumergimos bajo las rocas hasta llegar al río Tigre. Tras abandonarlo nos topamos con una zona arenosa que nos indicaba que estamos muy cerca la Sala de la Sardina y por lo tanto el vivac 4. Hay que decir, que estaba muy sucio, con restos de botellas, taperwears, bolsas y cremas, que hicieron fáciles nuestros chistes. Tras un café, llenar el estómago y escribir en el cuaderno (se nos olvidó el nombre de Oscar…) reanudamos la marcha brújula en mano.


Una vez superada la Sala Scooter y el paso de Etroiture (que nos costó encontrarlo pese estar enfrente nuestra y estar balizado), llegamos al río Viscoso. Dos horas sin estar de pie y resbalándote por todo el trayecto, intercalándose con algún que otro meandro desfondado y un P11, dónde me di cuenta que era hora de cambiar de puño…


Por fin llegamos al vivac 3. Esta vez apuntamos todos los nombres en el cuaderno. ¡Ya veíamos más cerca la salida!
Continuamos hasta el P50, instalado con una cuerda y fraccionado a 30 metros, la verdad que podían haber puesto un anclaje más en el fraccionamiento… puestos a pedir… Un trago de café con té y ya estábamos otra vez con las pilas cargadas para seguir. Continuamos el  balizado y los hitos hasta encontrar una gran ventana a la izquierda, que algunos no vieron… y nos adentraba por un pasillo de arena fina con moluscos en las paredes. Tras tres pequeñas subidas por cuerda fija y un pasamanos llegamos al Gran Pozo. 


Desde este punto, parte de nosotros, conocíamos el camino.
Seguimos avanzando, buscando los catadriópticos, hitos o flechas hasta llegar al vivac 1. Txandi tenía prisa… no se si había quedado con la "churri"… que justo nos dejó comer un trozo de empanada. 


Continuamos hasta llegar a la sala del Ángel. En este punto rellenamos un par de botellas, las que nos quedaron sin reventar. Por cierto no llevéis cualquier botella, recomiendo las de tipo Aquarius o Cocacola (y que conste que ¡no nos patrocinan!).
Ya estábamos en el pozo de las Hadas para cuando nos quisimos dar cuenta, lo desinstalamos y pasamos al delator, el summum para rematar la travesía, por si no habíamos estado poco tiempo agachados.
Desde aquí íbamos de procesión, callados y con marcha fúnebre… hasta que pasamos el pasamanos del Pozo del Oso, desde ahí era correr hasta la salida por la cuesta “misco” (para nosotros).



17 horas después, sólo quedaban 10 minutos más para que cayera la botella de sidra, las cervezas y la tediosa labor de ir a por los vehículos a las 4 de la madrugada.

Vídeo de la travesía




Fotos: O. Markaida.
Texto: Mirian Rey.

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